11.09.2010

Chau, tío Julio...







Era mi tío más joven. Era mi padrino. Su relación estrecha con mis viejos, hizo que siempre anduviéramos cerca. Su caracter alegre, casi chiquilín, capaz de subirse con el guardapolvo que traía puesto de alguna visita en mi bicicleta nueva y salir a dar una vuelta por mi barrio, allá en Lanús Este...

Porque Julio Tortosa, mi tío Julio, era médico. Cardiólogo. Y me llevaba a veces en su Chevrolet 400 a hacer alguna visita a algún barrio del conurbano sur. La ranas cantaban mientras lo esperaba ansioso. Se casó con Cristina, una mina maravillosa que nos daba todos los gustos a Susana (mi hermana) y a mí. Llegaron Gabriela, Laura, Julito... y Cristina fallece. El primer golpe fuerte de mi vida. Y toda mi familia que se muda para ayudar a cuidar a los chicos.

Conoció luego a Vicky, llegó el Longozón (Fernando). Y sus pasiones cambiantes... La fotografía... El acuarismo... Sus magistrales clases de manejo.

Estudié medicina. ¿Fué por él? Me dió la oportunidad de hacer el practicantado en la (entonces) Sala de Ingeniero Budge. Me recibí. Y me vine para estos lados.

Después nos vimos cada vez más esporádicamente.

Los seres humanos somos a veces descuidados y creemos que ya podremos vernos en algún momento con quien no nos vemos. La última vez fué cuando murió mamá, su hermana.
Tengo un par de acuarios... Hago, cada vez que puedo desde hace años, fotografías...

¿Será por él...?

El jueves estaba en la primer parte de la charla de Sexualidad con los chicos de la escuela 29. Siempre apago el celular para que nada nos interrumpa, por respeto a los chicos. Terminé a las once. Me dí cuenta que no lo había prendido recien a las 12. Despistado...

¿Será por él...?

Cuando prendo, un sms de mi hermana me avisaba que el tío Julio, a los 72 años, se había ido a hacer un domicilio sin llevarme, como antes, y que ya no volvería...

Cuando hoy comencé la segunda parte de la charla con los chicos de la 29, sentí de improviso la necesidad de contarles que había perdido a un tío que quería mucho, del que había posiblemente (seguramente) heredado la vocación por la medicina, por la fotografía, por los acuarios... Cierta forma chiquilina de ser... Despistado... Lo que nos hacía parecer más jóvenes...

Y le dediqué la charla... Pedí un aplauso para despedirlo y, generosamente, aplaudieron...


Perdonen las lágrimas.... ¿Por dónde íbamos...?


1 comentario:

  1. perdona por las lagrimas segui con tu blog que te leo saludos

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